55. justicia para imponer
El amanecer se filtraba entre las cortinas del despacho de Shaya Allen Moore, bañando los documentos apilados sobre su escritorio con un resplandor frío y dorado. La noche anterior había sido larga, cargada de pensamientos, de decisiones que pesaban más que cualquier firma. Pero aquella mañana, Shaya ya no era la misma mujer que había sido meses atrás. Sus ojos —antes cansados y nublados por la culpa —reflejaban una determinación férrea, una voluntad que ni los años ni las heridas habían conseg