Estamos en pleno aeropuerto, esperando que esos dos por fin se fueran a Nueva York, cuando mi teléfono comenzó a sonar, la primera llamada la desvié, pero quien me estaba llamando era demasiado insistente. Miro a mis amigos y me decido a contestar.
—Denme un segundo, ni se les ocurra irse sin despedirse de mí.
Camino a un costado y deslizo mi teléfono aceptando la llamada. Miro de reojo a mis amigos y me atrevo a contestar.
—Hola.
—Buenas tardes, con el señor Connelly.
—Con él ¿Con quién hablo?