Con aires renovados, Aaron dejó la copa en su escritorio y tomó su chaqueta, salió de su oficina y se dirigió al lugar que pensaba le ayudaría a preparar su sorpresa de navidad para esas dos personitas que desde hace poquito se habían instalado en su corazoncito de pollo que ni siquiera sabía que tenía, era ahora o nunca, debía pedir perdón y sobre todo decirles que sí eran importantes para él, que a veces su bocota hablaba antes de que su cabeza pensara.
Se subió a su lujoso auto y enfiló su r