Salimos de la habitación de la arpía, dejando a Louise profundamente dormida, en mi cabeza ya se estaban maquinando las una y mil opciones de cómo decirle lo que pasó con Serena en su casa, pero nada, todas ellas sonaban burdas y hasta pendejas.
—¿Vino tinto? — me pregunta, como para sacarme de mis pensamientos y yo asiento. Camino hasta la sala y me siento en el mismo lugar donde habíamos estado, todavía faltaba un buen sofá en la sala y eso me tranquilizaba, no sabía que me pasaba pero estaba demasiado nervioso para tenerla tan cerca.
Está a punto de hablarme nuevamente cuando el timbre del citófono la obliga a contestar.
—Oh, sí. Por favor, déjelo subir— le indica a quien sea que le haya hablado y yo alzo una ceja esperando a que me diga quién es el que viene ¿tendría algún invitado y nosotros con Louise le aguamos la fiesta?
Ella, literalmente no me toma en cuenta y camina tranquilamente hasta la entrada, sin esperar que toquen el timbre y abre la puerta, escucho los pasos y me vo