Tercer día de mi tortura personal, una que se llamaba “Comparemos a la asistente con la asistonta”, no me juzguen, pero en menos de cuarenta y ocho horas ya habían pasado cinco asistentes por mi oficina.
Se los resumo:
El primer día, Doris. Una pelirroja exuberante de contabilidad que sabía de números y de formas de hacer que el jefe se sintiera bien o eso fue lo que intentó decir antes de que la mandara con viento fresco y la echara de mi oficina. En la tarde apareció Romina, de relaciones púb