Cap. 133 ¡TÚ NO LO ENTIENDES!
Los días en el hospital tenían un ritmo extraño, hecho de silencios punteados por el pitido de los monitores y las visitas programadas. Dayana, aún convaleciente, descubría cada mañana una nueva forma de ser amada.
Su pequeño emperador se había convertido en su enfermero particular.
Alessio llegaba cada tarde escoltado por Felicia, con su pañal regordete asomando bajo el pantalón y sus pasos todavía torpes pero decididos.
En sus manitas, siempre traía un tesoro: un peluche, un cochecito, una p