El nuevo departamento tenía ese olor a limpio, a paredes recién pintadas y madera virgen que aún no había aprendido a resonar con nuestras pisadas. Cada rincón estaba ordenado, luminoso, minimalista… pero esperaba algo más. Algo de nosotros. Nuestra energía, nuestros silencios, nuestras carcajadas que aún no se habían posado sobre los muebles.
Aún no era un hogar. Pero lo sería.
Caminé descalza por el piso brillante del salón principal mientras Santiago desempacaba en la cocina, como si ya supie