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El peligro no había desaparecido. Solo había cambiado de forma.

Después de la nota en mi departamento, después del escalofrío que recorrió mi espalda al darme cuenta de que alguien había estado en mi espacio, en mi vida, sin que yo lo supiera, Santiago y yo supimos que la tregua había sido una ilusión.

No habíamos ganado.

Solo nos habían dado un respiro.

Y ahora, la cacería había comenzado de nuevo.

Pasamos la noche en su departamento.

No discutimos l

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