Mundo ficciónIniciar sesiónLa calma era extraña.
Después de semanas de vivir al filo del abismo, con la adrenalina bombeando en mis venas y el peligro acechando en cada esquina, despertarme en la cama de Santiago, con su respiración acompasada a mi lado y el calor de su cuerpo envolviéndome, se sentía irreal.
Pero ahí estaba.
Por primera vez en mucho tiempo, mi cuerpo no estaba en alerta.
No había armas apuntando en mi dirección.







