El reloj en la sala de juntas marcaba casi las once de la noche cuando la reunión finalmente terminó.
El aire estaba cargado de agotamiento y tensión, los últimos rastros de adrenalina de la auditoría interna aún flotaban en el ambiente. Algunos de mis compañeros recogían sus cosas con movimientos pesados, listos para largarse de allí lo antes posible.
Yo solo quería lo mismo. Salir. Respirar. Dejar atrás el día, la empresa, las miradas que todavía sentía sobre mí aunque ahora estuviera libre d