Mundo ficciónIniciar sesiónLa noche estaba impregnada de una tensión densa, casi irrespirable, como una tormenta a punto de estallar. No había estrellas, no había luna. Solo oscuridad. Una oscuridad que reflejaba exactamente lo que sentía en mi pecho.
Apoyado contra el capó de su coche, Santiago consultaba su reloj por quinta vez en menos de diez minutos. Sus dedos tamborileaban impacientes







