El estruendo del silencio en el Cuarto Cielo, Zebul, era el sonido de un universo que acababa de terminar su forja. Las cúpulas de cristal líquido, que durante lo que parecieron siglos habían contenido los gritos de agonía y triunfo de la Tríada, empezaron a vibrar con una frecuencia de despedida. El entrenamiento no había sido una simple instrucción, sino una demolición sistemática de lo que alguna vez fueron para reconstruirlos como los pilares de una nueva existencia. Natalia Valerius ya no