El aire en la cripta de la Fortaleza de las Nieves no solo se enfrió, se volvió denso, como si cada molécula de oxígeno hubiera sido sustituida por el peso de una historia que se negaba a ser olvidada. El crujido del sarcófago de diamante no fue un ruido físico, sino un grito en la estructura de la realidad que hizo que incluso Cristian, con su sensibilidad digital agudizada, sintiera un cortocircuito en su percepción. Silas Valerius no se incorporó como un hombre que despierta de un sueño; se