La caverna bajo el glaciar de los Alpes se había convertido en un útero de pesadilla, donde el tejido de la realidad se desgarraba con cada vibración de la montaña. Arriba, el impacto de los proyectiles cinéticos del FDU seguía martilleando el Castillo Valerius, enviando ondas de choqe que hacían que las estalactitas de hielo cayeran como lanzas de cristal sobre el campo de batalla. En el centro del caos, Kushiel, el Arquitecto de la Carne, se erguía como una blasfemia de obsidiana y poder anti