Ella dudó, sabiendo el riesgo. El solo hecho de permitirle acceso a su dormitorio podía significar la rendición de su última barrera emocional. Sin embargo, con un gesto glacial, le cedió el paso.
Él caminó unos pasos, deteniéndose frente a ella, con los brazos cruzados. Su mirada estaba apagada, como la de alguien que busca respuestas en un libro vacío, esperando la derrota sin luchar.
— Le voy a pedir a Dayana que se quede contigo, que te haga compañía, para que no estés sola. Además, si pasa