Un silencio tenso, denso y embriagador, se apoderó de la mesa, un abismo se abría entre ellos.
— ¡Interesante! Entonces... podemos seguir teniendo sexo.—dijo ella sin apartar la vista del documento. Su tono era mordaz, despojado de cualquier ternura.
Derek frunció el ceño, completamente desubicado. Entendía que ella no sentía nada por él, pero en su arrogancia, creía que los momentos de intimidad que surgían entre ellos eran, al menos, especiales y mutuos.
— ¿Lo que pasa en esa habitación... pa