Lizeth y Freisy no vinieron a visitar; vinieron a molestar, a sembrar cizaña.
Las mujeres hicieron un recorrido descarado por la vivienda. Recorrieron la opulencia de la mansión con la boca abierta. Era evidente su pensamiento: Naomi, no merecía vivir en un lugar así.
— ¿A qué debo el honor de sus encantadoras presencias? —preguntó Naomi, apareciendo en el umbral de la sala de estar, donde las encontró husmeando. Las mujeres se giraron hacia ella con una arrogancia estudiada.
— Señora Torres, l