El joven pasaba por una de las experiencias más inquietantes de su vida. La culpa y el miedo se turnaban para atormentarlo. Necesitaba hablar con alguien. Desahogar la frustración que lo asfixiaba. Y fue a casa de sus padres.
Patricia se sorprendió al verlo llegar. Su hijo, normalmente tan sereno, se veía demacrado, el rostro cubierto por una sombra de tristeza.
— Mi amor, ¿qué te pasa? —le preguntó su madre. Él la abrazó con la fuerza de un naufrago que se aferra a un salvavidas.
— Está embara