El joven pasaba por una de las experiencias más inquietantes de su vida. La culpa y el miedo se turnaban para atormentarlo. Necesitaba hablar con alguien. Desahogar la frustración que lo asfixiaba. Y fue a casa de sus padres.
Patricia se sorprendió al verlo llegar. Su hijo, normalmente tan sereno, se veía demacrado, el rostro cubierto por una sombra de tristeza.
— Mi amor, ¿qué te pasa? —le preguntó su madre. Él la abrazó con la fuerza de un naufrago que se aferra a un salvavidas.
— Está embarazada, y no quiere al bebé. —murmuró contra el hombro de su madre.
— ¿De quién estás hablando? —preguntó ella, la confusión en su voz.
Él se sentó a su lado y bebió de un trago el vino d una copa que había sobre la mesa. — Naomi y yo vamos a tener un hijo, pero al parecer no quiere que nazca.
— ¡Oh, por Dios! ¡Voy a ser abuela! —exclamó su madre, la sorpresa y la alegría luchando por salir.
Derek le explicó la situación, los riesgos, la delgada línea que separaba la vida de la muerte.
— Soy el cu