En la universidad, un golpe de realidad la esperaba. El director la recibió con el rostro sombrío.
—Señora Torres, lamento informarle que no podemos reincorporarla. Son órdenes de su esposo.
Naomi no suplicó. Sabía que no serviría de nada. Se levantó, la humillación ardiendo en su interior, y salió sin decir una palabra.
Mientras tanto, en Torres Inversiones, Derek revisaba títulos de propiedad. Matthew, ahora su gerente de ventas, entró en la oficina.
—Hay una reunión importante con unos clientes para comprar unos terrenos. —le informó.
Derek, sin levantar la vista, respondió:—No tengo tiempo. Si quieren, diles que podemos vernos para cenar esta noche.
—¿Cenar? —Matthew se sorprendió.— No puedo esta noche, voy a cenar con Naomi.
Derek levantó la mirada lentamente, sus ojos penetrantes.
—¿Sabes que ese es el nombre de mi esposa?
—¿En serio? ¡Qué coincidencia! —Matthew rió con ingenuidad.
—Sí, bastante.—dijo Derek, una media sonrisa en sus labios.— Solo espero que esa Naomi tuya no se