OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 9.
Cada noche, antes de dormir, me recuerdo a mí misma los errores que cometí en el pasado. No es algo voluntario; no es una reflexión tranquila ni una lección aprendida con serenidad. Es una tortura silenciosa que regresa una y otra vez, clavándose en mi mente justo cuando cierro los ojos. Los recuerdos se amontonan, se superponen, y el peso de cada decisión equivocada oprime mi pecho con tal fuerza que a veces me cuesta respirar. El dolor se instala profundo, constante, impidiéndome conciliar el