OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 8.
Nuevamente, cuando Héctor me llama de esa forma tan abusiva, un calor mezclado con indignación y temor sube por mi pecho, y mi primera reacción es levantar una de mis manos para intentar abofetearlo. Pero esta vez, antes de que pueda siquiera rozarlo, Héctor me sorprende. Con una rapidez y fuerza que no había anticipado, toma mi muñeca, sujetándola con firmeza, impidiéndome tocarlo, bloqueando mi intento de defensa.
—No soy la persona que crees, Sophia Silverstorm —me dice, su voz baja y firme,