OBLIGADA A PERDONARTE. Capítulo 24.
Han pasado tres meses desde el día en que una bala estuvo a punto de acabar con mi vida.
Mientras termino de acomodar el cuello de mi blazer frente al espejo, no puedo evitar sonreír al recordar todo lo que ocurrió desde entonces. La cicatriz en mi costado sigue ahí, pequeña, discreta, un recordatorio permanente de que algunas heridas nunca desaparecen por completo.
Pero ya no duele, al menos no físicamente.
Tomo mi placa de identificación y la guardo dentro del bolso. Después recojo las llaves