OBLIGADA A PERDONARTE. Capítulo 22.
Lo primero que percibo es un pitido constante, después, el olor inconfundible del desinfectante, abro los ojos lentamente.
La luz blanca del techo me obliga a entrecerrarlos mientras intento recordar dónde estoy, mi cuerpo pesa, cada músculo parece hecho de plomo.
Intento incorporarme, pero un dolor agudo atraviesa mi costado, dejo escapar un pequeño gemido.
—No te muevas —reconozco esa voz al instante.
Giro lentamente la cabeza, Sebastian está sentado junto a mi cama.
Tiene la barba ligerament