OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 76.
El silencio que se forma es insoportable.
No es un silencio vacío, sino uno tenso, cargado de electricidad, como si el aire mismo estuviera a punto de romperse. Nadie se mueve. Nadie respira con normalidad. El pitido lejano de un monitor médico resuena en algún punto del pasillo, marcando el paso de los segundos como una cuenta regresiva cruel.
Rebecca mantiene el arma firme, apuntando sin temblar. Yo sostengo a mi hija contra mi pecho, sintiendo su pequeño cuerpo subir y bajar con cada respira