OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 11.
A veces me sorprendo de la capacidad que tiene el pasado de encontrarte, de surgir de entre las sombras justo cuando crees que por fin has logrado enterrarlo bajo capas de silencio, distancia y autoengaño.
Y a diferencia de una persona normal, para quien ser perseguida por el pasado puede significar recuerdos cálidos, risas antiguas o incluso una nostalgia melancólica, en mi caso ese pasado solo adopta una forma concreta y definida: traiciones, errores y decisiones tomadas desde el miedo. Por eso, cuando siento su aliento en mi nuca, cuando lo veo materializarse frente a mí con un rostro conocido, no hay espacio para la añoranza ni para la reflexión tranquila.
Solo existe una emoción posible.
El terror más absoluto.
Ignorando por completo la música elegante, las risas fingidas de los invitados y el tintinear de las copas de cristal, salgo del invernadero por una de las puertas traseras. Mis pasos son apresurados, torpes, y siento cómo el corazón me golpea el pecho con tanta fuerza