OBLIGADA A PERDONARTE. Capítulo 13.
El trayecto hasta la Biblioteca Pública Harold Washington transcurre en un silencio casi insoportable, voy al volante, Sebastian ocupa el asiento del copiloto, mirando por la ventana mientras las luces de Chicago pasan frente a nosotros como destellos amarillos.
No enciendo la radio. No intento conversar. Y él, por primera vez desde que reapareció en mi vida, parece comprender que cualquier palabra de más solo empeoraría las cosas. El único sonido dentro del automóvil es el motor y el golpeteo