CAPÍTULO 3
CHARLOTTE SLINDER.
No importa el lugar a donde vaya, ella siempre se sentía extraña. Y su casa no era una excepción.
Desde que su hermano mellizo murió en el parto a la hora de nacer, algo había muerto en la madre de Charlotte. Eso siempre se lo había dicho su tía Emma cuando iban a su casa a pasar los días.
Según Emma, Elizabeth era de esas mujeres que no tenían risa fácil pero no era una señora amargada como lo era ahora. Era carismáticamente hermosa y siempre estaba dispuesta a ar