13. No podía dormir.
—Lo siento…— murmuraba Ciro Costello contra el cuerpo de su esposa, llenándola de besos y mimos. Saboreando cada rincón de su piel como si la estuviera adorando.
Un gemido escapó de los labios de Julia en el instante en que sintió su respiración en la zona más baja de su vientre, todavía plano, porque ahí se albergaba una vida, el hijo de los dos.
Los dedos de ella se entrelazaron entre las hebras del cabello de él, esperando con anticipación lo que vendría.
Pero Ciro solo levantó la vista y co