74. Sangre
Elizabeth no supo cuánto tiempo le tomó en reaccionar, pero, cuando lo hizo, sintió que le comenzaba a faltar el aire.
Se llevó las manos al pecho, respirando con dificultad.
— ¿Beth? — la voz de Leonas la hizo alzar el rostro — ¿Estás bien?
Él la miró extrañado. Estaba pálida. Durante las últimas semanas había respetado su decisión de mantener las distancias; sin embargo, sus sentimientos por ella seguían allí, clavados en lo más profundo de su ser.
— Mi… hija — consiguió decir.
Leonas no