38. ¡Señor, tiene que ir a ver a su esposa!
Leonas oteó el reloj en su muñeca, inquieto. Había estado esperando a Elizabeth durante la última hora desde que uno de sus hombres en la mansión Torrealba la informó que ya iba de camino, así que no esperó un segundo más y decidió llamarla.
No contestó.
Ni en ese ni en los demás intentos. Entonces contactó al chofer.
— Señor, buenas noches.
— ¿Estás con Elizabeth?
— ¿Con la señora Elizabeth? Pero… no comprendo, señor. Yo la dejé en su casa como me lo pidió. Espere un segundo — Leonas suspi