26. Esposo protector
Ana Paula se sentó en una banca a los pies de un gran árbol y se limpió las lágrimas que esta vez habían salido por enojo, más no por tristeza. Caviló durante quién sabe cuánto tiempo, hasta que escuchó la proximidad de unos pequeños pasitos por allí cerca y un jadeo de asombro, quizás de susto.
Alzó la vista.
La pequeña hija de Elizabeth jugaba con sus muñecas cuando se quedó estática y con la mirada clavada en algún punto. Parecía aterrada… y pronto Ana Paula descubrió por qué.
Sus ojos se