11. Santos defiende a su esposa
Elizabeth Torrealba ahogó un jadeo y Renato se dio la vuelta con el entrecejo fruncido. En cuanto descubrió a la dueña de aquella voz, sonrió con malicia.
— Tú no te metas, este asunto es entre mi mujer y yo. Mejor ocúpate en ser la zorra de Santos.
— ¡Renato! No le hables así, es la esposa de mi hermano — defendió Elizabeth, avergonzada. Nadie de su familia sabía que su esposo la maltrataba, aunque lo sospechaban.
— Y tú eres la mía y te niegas a cumplirme. Qué irónico, ¿No? Pero eso lo reso