—¡Dios, me asustaste!— Chillo dando un respingo.
—No deberías estar aquí, solo la familia puede venir— Insiste.
—Por favor, no me alejes. Vengo en son de paz— Musito mirando el suelo.
—Bueno… escucharé lo que me tengas que decir y luego te vas, es un lugar sagrado para mi.
—Vine porque sé que no estás bien y en parte es por mi culpa…
—¿Es eso de lo que quieres hablar? Te dije que tengo cosas más importantes en las que pensar— Espeta interrumpiéndome en tono hostil.
—Dijiste que escucharías, así