—¡Lo sabía! —golpeó la mesa—. ¡Sabía que esto pasaría!
—Mamá, no he venido a pedirte permiso. Solo quería informarte que… pienso aceptar su propuesta.
Había pasado exactamente dos semanas dándole vueltas al mismo asunto. Reprochándose, cuestionándose, condenándose, hasta que se hartó de sus propios juicios. ¿Por qué debía de negarse algo que quería? ¿Por qué tenía que seguir castigándose si lo único que quería era ser feliz por fin?
—¿Y qué te garantiza que no va a botarte o serte infiel al mes