Aitara suspiró, sintiendo cómo el gel frío era aplicado sobre su vientre. Esta era la segunda consulta a la que asistía con Marcos, pero el hombre no dejaba de comportarse como la primera vez. Sus ojos estaban fijos en la pantalla; tanto, que parecía querer teletransportarse y entrar en ella.
—¿Eso es la cabeza? —preguntó él con asombro—. ¿Por qué se mueve tanto? ¿Es normal que sea tan activo a las quince semanas?
—Es perfectamente normal, Sr. Núñez —el doctor soltó una pequeña risa ante su ent