Cuando regresó a la universidad, tenía un anillo en su dedo anular. Era un diamante grande, precioso y, sin duda, llamaba la atención de todos. Pero no era solo eso; también era el hecho de que ahora Marcos rodeaba su cintura con un brazo, indicándole con suavidad dónde debía sentarse.
Ante semejante escena, el drama no se hizo esperar, desde luego. Sofia se acercó a ellos con los ojos llorosos mientras masajeaba su vientre.
—Marcos, ¿qué es esto? —su voz era temblorosa y lamentable.
—¿Qué es q