No corro. Eso es lo primero que noto mientras avanzo. Cada paso se siente antinatural, como si mi cuerpo esperara la orden de colapsar, de girarse y volver atrás para llorar en sus brazos. Pero no lo hago.
Mantengo el ritmo firme, medido, casi elegante, como toda una princesa encantadora. Porque ya no hay nada que discutir, que pedir. No hay nada que salvar esta noche.
El aire de la noche se siente afilado, como si me cortara la piel a medida que avanzo, pero agradezco esa punzada. Me mantiene d