Greta se incorporó con cuidado, procurando no hacer ruido. Deslizó una pierna por el borde de la cama, pero se detuvo y contuvo el aliento al ver a Gino moverse. Esperó en silencio por unos segundos, a ver si despertaba, pero él continuó profundamente dormido, con el rostro relajado y la respiración pausada. Con movimientos suaves, terminó de ponerse de pie.
Una ligera mueca se dibujó en su rostro cuando una punzada de incomodidad entre las piernas le recordó lo intensa que había sido la noche.