Corleone acababa de acomodar a Caterine en el asiento trasero del auto cuando una voz burlona interrumpió el silencio.
—¡Miren la pequeña rata que encontramos tratando de huir!
Corleone se giró de inmediato. Luka avanzaba con paso firme, arrastrando a alguien por el suelo, sosteniéndolo por la parte trasera del cuello de su camiseta. El estado de humor de Corleone se ensombreció al reconocer a Ovidio.
El tipo pataleaba y gemía de dolor, pero Luka ni siquiera parecía escucharlo. Con un último y