Caterine estaba desorientada y un dolor sordo le martillaba la cabeza. Abrió los ojos lentamente, parpadeando varias veces mientras su visión se acostumbraba. Al terminar de abrirlos por completo, se encontró en una habitación pequeña y desprovista de muebles, salvo por la cama en la que yacía. Una sola bombilla en medio del techo iluminaba la habitación. El aire estaba impregnado de humedad y de un hedor extraño que no lograba identificar, pero que le revolvió el estómago.
—¿Cómo demonios lle