Corleone deslizó suavemente su mano por la espalda de Caterine, acariciándola con lentitud. De vez en cuando, le vertía un poco de agua tibia. En aquellos momentos con ella, podía olvidar todo lo demás. No había preocupaciones ni sombras acechantes, solo tranquilidad. Se sentía en paz.
Después de haberle confesado sus temores, había pensado que se sentiría débil y avergonzado, pero no fue así. Tal vez porque en los ojos de Caterine no encontró ni lástima ni esa condescendencia que tanto había t