Corleone se inclinó ligeramente y observó el hoyo a siete metros de distancia. Inspiró con calma, midió el golpe y, tras un suave balanceo, golpeó la pelota con precisión. Siguió su trayectoria con la mirada hasta que esta entró dentro del hoyo.
—Buen tiro —lo alabó Bernardo, con una sonrisa de aprobación—. Ennio, había escuchado que tu hijo era un buen juez, pero parece que no es lo único que se le da bien.
—Suele ser el mejor en todo lo que hace —respondió su padre.
Corleone apenas les dirigi