Gino volvió solo a la barra. La mujer con la que había estado bailando se había excusado para ir al baño, o al menos eso fue lo que él entendió. En realidad, no le había estado prestando mucha atención. Solo había estado agradecido porque al fin podía alejarse de ella.
Por supuesto, la mujer era atractiva, con unas curvas de infarto que no pasaban desapercibidas. Sin embargo, su perfume era tan fuerte que lograba imponerse incluso sobre el torbellino de olores del lugar y le había resultado sof