Caterine se quedó sin palabras durante unos segundos.
—Yo… No… Ese no es el punto —gruñó, al fin, frustrada.
No iba a seguir discutiendo con él. No cuando era obvio por su sonrisa que disfrutaba verla perder la paciencia. Para alguien que solía gruñir la mayor parte del día, ahora que parecía haber descubierto cómo sonreír, no tenía intención de dejar de hacerlo.
Giró sobre sus talones y se dirigió a la puerta con paso decidido.
—Caterine —la llamó él.
Consideró ignorarlo, pero su cuerpo parecí