Sus ojos brillaban, las mejillas arreboladas, el anhelo visible en los labios entreabiertos que volvieron a incitar sus ganas, haciendo que su miembro renovara su tensión.
—Creo que voy a necesitar varias sesiones de este tipo. No sabría decirte cuántas. Podemos ir probando. Aún tengo mucho para mostrarte.
—Eso creo, sí.
—No soy de los que posponen lo inevitable ni postergan la recompensa.
—Parece que este presente era irremediable—dijo ella— No importó cuánto quise torcerlo o evadirlo.
—No se