Las manos grandes se posaron en sus senos, presionándolos a través de la blusa y haciendo ostensibles sus pezones a pesar del sostén y la tela. En el espejo que cubría la pared trasera del elevador, Sharon se asombró de lo sensual de sus figuras entrelazadas y de su propio rostro, ruborizado y distendido.
—He fantaseado con esto por muchos días—los ojos de Aidan la observaban desde el espejo— Desde que te vi en el casamiento de Milo.
—Me miraste con indiferencia y fastidio ese día—dijo ella —Cu