Si ella fuera inteligente renunciaría mañana mismo a la tarea que le habían pedido Milo y Kaleb. Ya había hecho la mayor parte y se lo agradecían. Él estaba en una posición mucho más saludable que hacía unas semanas. De mejor humor, sin yeso, trabajando activamente para volver al hockey. A su vida, en la que ella no contaba. Cualquier buen profesional podía ayudarle. No obstante, dudaba y en la incertidumbre, el deseo de seguir a su lado ganaba. Expuesta a sus planes.
Parecía que él había hecho