Sucia

Los rastros del abuso quedaron grabados en la habitación, tome mi ropa y me vestí. No quise tomar una ducha, deseaba abandonar este lugar con rapidez.

Bajé a la recepción, escuché una despedía pero no respondí, tomé mis llaves y me subí al auto. Quería desaparecer, anhelaba llegar a mi departamento y morir.

Fue un camino lleno de lágrimas, mi visión se nublaba mientras conducía. Sé que debía tranquilizarme, sobre todo después de casi chocar un auto por mi descuido.

Llegue al departamento, lance mi ropa a un lado y pase a la ducha, necesitaba que el agua cayera y me limpiara el cuerpo. No quería tener rastro de ese hombre en mi, aunque en mi mente estaría para siempre.

¿Cómo puedes explicar lo que siento? Decir que el hombre que amas y tener relaciones íntimas es normal. Pero, cuando es el hombre que destrozó tu corazón y ahora arrancó toda idolatría que sentía por su ética y rectitud, se había desaparecido.

Ese no era Jake, no mi Jake. Ahora solo es un monstruo que dejó que su oscuridad saliera a flote. Nada parecido al hombre que una noche bajo la lluvia juro estar conmigo para siempre.

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-¿Nos conocemos?- una pregunta que hizo que mis nervios se evaporaran de inmediato.- había acabado de salir de mi entrevista en Santa Helena. El director quien me atendió me hizo solo tres preguntas.- ¿Quién soy? ¿Qué esperas de este empleo? Y la más importante ¿en quien te convertirás?-

Fue algo que muchos pensarían que es simple, pero para mí era muy compleja. Todos queremos ser los mejores, pero son pocos los que pueden tener claro el camino que se debe recorrer.

-Doctor Lorenzo Stone. Soy Laura Rosales, una pueblerina que desea trabajar en este hospital. ¿Qué espero? El puesto.- Mi respuesta hizo que levantara su ceja. Estaba siendo directa a sus preguntas.- Ahora bien ¿en qué me convertiré? En la mejor neurocirujana, la cual llevará a este hospital a la historia.-

-Arrogante.- respondió revisando mi currículum.-

-Decidida.- contraataque.-

-Puede irse.- Respondió sin ni siquiera verme a los ojos, sabía que así respondiera de una manera técnica o entusiasta. Su trato sería el mismo.-

Me levanté de mi silla, arreglé los pliegues de mi falda blanca, ajusté un poco mi blusa y me marché. Este sería el lugar donde yo trabajaría, estaba convencida que así sería.

Mientras esperaba mi taxi apareció el, Jake Stone preguntaba si ya nos conocíamos. Yo dudé responder pero su sonrisa encantadora derrumbó mi desconfianza.

-No lo creo, no soy de la ciudad.- Respondí algo nerviosa, el traía su bata puesta, al parecer era doctor aquí.-

-Pues me presento, soy Jake Stone. Doctor de neurología en este hospital.-

-¿Stone? ¿De los Stone dueños?.- esos mismos, ¿tú quién eres?- su pregunta venía con su mano extendida. Yo la tomé respondiendo el gusto que sentía al conocerlo.-

-Soy Laura Rosales, también doctora de tu misma especialidad.-

-Laura que bello nombre…- sus palabras fueron casi como un susurro.-

Ese día todo inició, su saludo, su invitación a tomar un café. La celebración de mi contratación y un sin fin de citas más. ¡Maldigo el día que le extendí la mano!.

***

Salí de la ducha, sentía que aún estaba sucia, su olor no se quitaba. Al revisar mi rostro en el espejo volví a llorar. La inflamación de mi labio me recordaba lo que pasó. Sus dedos grabados en mi cuello, me horrorizaban.

Me puse una bata y me preparé un té, mis nervios no me dejarían en paz, necesitaba hacer algo antes de que Jake acabara con mi vida.

Toda la noche la pasé observando la ciudad desde mi ventana, miles de escenarios pasaban en mi mente, unos más macabros que otros.

Al final mi alarma sonó, debía alistarme para el trabajo. Un traje con cuello alto cubriría mis marcas, un poco de maquillaje en el rostro aunque sé que era notoria la inflamación.

Tome mi bolso y café para salir, mientras me subía al auto una serie de notificaciones llegaron a mi celular. Eran publicaciones de Carmen. No quería saber nada de ella pero la curiosidad fue más fuerte. Abrí la notificación para encontrarme con su cuento de hadas.

-“La casa que mi prometido me ha comprado”- ¿No es el hombre más encantador del mundo?- la foto de la villa más grande de la ciudad era opacado por su presencia. Carmen aparecía abrazada a Jake, justo en la entrada del lugar. Presumían su nuevo hogar. Inmediatamente procedí a eliminarla de mis redes, ya no quería tener contacto con ella.

Cambie el nombre del contacto de Jake, ya no era un corazón, su nuevo apodo sería “Abusador” así me recordaría lo que él es.

Llegue al hospital, hoy no saludé a nadie, simplemente no levanté mi mirada. Dejé en mi casillero las cosas y me reporté con Fernández, sabía que no podía ocultar mis golpes y así fue.

-¡Rosales! ¿Qué te ha pasado?- preguntó Fernández, su pregunta alarmo a todos los presentes, por más que trate de disimular había quedo en evidencia.-

-Doctor… yo.- Pero antes de dar una respuesta mi verdugo llegó.-

-¡Doctora supe lo del asalto anoche! ¿Estás bien?- mencionó Jake tocando mi rostro, instintivamente retiré sus manos.-

-¿La asaltaron?- Fernández estaba preocupado, él y un par de enfermeras llegaron a mi lado, yo como un manojo de nervios. Comencé a llorar.-

-Así fue, anoche Laura fue atacada cerca al hospital, unos hombres de mi seguridad lo presenciaron, por desgracia no pudieron intervenir antes de que la golpearan. Pobre de ti.- mencionaba con cara de preocupación, todos me veían igual.-

-Es mejor que te revisen Laura.-

-No Doctor Fernández, mejor me voy a trabajar.- Mi repuesta fue clara y firme.-

-No seas terca Laura, vamos y te reviso.- Jake se acercó a tomar mi brazo, sabía que nada bueno me esperaba si iba con el.- Por suerte mi celular sonó, había una emergencia y me solicitaban.-

-Será en otro momento Doctor Stone, debo atender una urgencia.- mencioné abandonando el lugar, yo corría como si mi vida dependiera de eso. La presencia de Jake estaba siendo imposible de tolerar.

Efectivamente la jefe de urgencias me esperaba, no hubo tiempo de explicaciones, ella muy reservada no hizo preguntas por mis golpes. Hoy había otra prioridad.

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