A la basura

El camino a casa me tomaría al menos treinta minutos, pero ya había pasado alrededor de dos horas y aún no llegaba, es más, ni siquiera sabía dónde estaba.

Solo daba vueltas a las calles sin un rumbo fijo, quizás no quería llegar a ese lugar, el mismo que compartí con Carmen por un tiempo.

Mi celular no paraba de sonar, en la pantalla se reflejaba un corazón, solo así había grabado su número, no quería que descubrieran que tenía un amorío con Jake.

Mensajes y más mensajes llegaban, pronto mi buzón estaría lleno, así que decidí apagarlo, no quería escucharlo hoy. Ninguna excusa sería válida en este momento, él se casaría con mi mejor amiga. Carmen Sandoval, la misma que por tantas noches me acompañó, esa que juro que seríamos amigas para toda la vida.

 Por fin llegué, dejé el auto en la cochera y caminé hacia mi departamento, las llaves en las manos sonaban al golpearse por mi temblor involuntario, me sentía morir, de eso estaba segura.

 Abrí la puerta, mis ojos recorrieron rápidamente el lugar, una fuerza inexplicable se apoderó de mí, esa misma que algunos pueden confundir con adrenalina, para mí era venganza.

Entré a la habitación de Carmen, tomé todas sus cosas y las metí en bolsas de basura. Sus vestidos de diseñador quedaron juntos a sus zapatos, joyas y bolsos de miles de dólares.

Todo quedó reducido a una bolsa de color negro puesta fuera del departamento, que el servicio de limpieza se los llevará.

Pero ahora venía el momento más importante y a la vez doloroso. Yo debía tirar a la basura todo aquello que me recordaba a Jake, comenzando por la joyería que me había regalado. Tomaba todas mis cosas, mis vestidos y zapatos. Fue justo en ese momento donde comencé a reír a carcajadas. Jake me había comprado lo mismo que Carmen, mismo diseñador, solo cambiaba el estilo.

¡Que estúpida soy! Mencioné riendo, tuve que sentarme un momento en el suelo, debía tomar una pausa, mi corazón estaba acelerado y apunto de detenerse abruptamente.

Aún recuerdo cuando lo conocí, fue justo cuando presenté mi entrevista de trabajo en el hospital Santa Helena. El lugar donde creía que todos mis sueños se cumplirían.

Tomé la pulsera de oro que me regaló en nuestra primera cita, mencionó que jamás había hecho algo así, no sabía que se le regalaba a una mujer. También los zarcillos de diamante, me los entregó cuando estuvimos por primera vez, esa noche me hizo él amor hasta el amanecer.

O el collar de esmeralda que me dio justo cuando cumplimos un año. Siempre que había una fecha especial, él me adornaba con sus joyas. Juro que pensé que me amaba.

Pero ahora con cabeza fría analice muy bien las cosas, esto no iría a la basura, las vendería y tomaría ese dinero para mudarme de aquí. Buscaría trabajo en otra ciudad, otro hospital, uno donde no lo vuelva a ver.

Pero antes de marcharme me vengaría de él, iniciaría con la entrega de mi descubrimiento, la misma que pensaba obsequiarle, deseaba que Jake lo presentara ante su hermano la próxima semana. Eso haría que por fin lo vieran como el mejor neurocirujano de este país.

Tomé mi laptop, me serví una copa de vino y puse mi canción favorita, la misma que hoy se ajustaba perfectamente. “Flowers de Miley Cyrus”. Mi voz se escuchaba en todo el edificio, sobre todo cuando cantaba la parte… “Puedo comprarme flores.”

Modifique todas las partes donde su nombre estaría, cargue el archivo al correo y lo envíe. Toda la evidencia y pruebas ahora estaban en el buzón de Lorenzo, quería que descubriera que su hermano es una farsa.

Uno a uno de mis antiguos proyectos fueron enviados, imágenes, archivos y pruebas le entregué a Lorenzo. Espero que la máscara de Jake caiga lo más pronto posible.

Renunciaría y me iría de esta ciudad, jamás volvería a tener contacto con esa familia.

Me quité mi vestido, este había sido regalo del macabro hermano Stone, el collar y los zarcillos, los metería en una bolsa y los vendería.

Me fui a la cama, mentiría si digo que dormí, la verdad es que pasé la noche mirando el techo de mi habitación. Tratando de buscar explicaciones, pero por más que lo intente. No lo logré..

Una ducha fría para retirar la evidencia de una mala noche. Mi uniforme azul celeste y mi bata blanca como un copo de algodón estaba ya listo.

Tomé una taza de café cargada y salí en busca de un caótico día. Algo en mi interior decía que quizás la pareja del momento no estaría hoy en el hospital, deben estar celebrando su compromiso.

- ¡Laura! - Mi nombre resonaba en el viento, la mujer que lo pronunciaba era la misma que llamaba amiga. -

 Seguí mi camino a la cochera, no deseaba hablar con ella, pero creo que sus planes eran otros. Atravesó su cuerpo en la entrada, no me dejaría avanzar. Ahí estaba el rostro de la hipocresía en todo su esplendor.

—Hazte a un lado. - mencioné tratando de zafarme, pero ella insistía en no moverse. -

 -Solo vine a llevarme mis cosas, como sabrás me casaré con Jake Stone.- Mencionó con superioridad.- No entiendo por qué nunca vi su verdadero rostro.-

- ¿Por qué el Carmen? - pregunté, necesitaba saber que tenía ella que yo no.-

-Laura eres tan ingenua cariño, Jake solo te utilizó para poder escalar en el hospital, ya es jefe de división. No te necesita más. - respondió sonriendo.

Anoche había recibido una bofetada de realidad, pero con las palabras de Carmen, sentí que me dieron un puñetazo fuerte y despiadado.

 - ¿Y tú papel? - pregunté, ella debía explicarme por qué estuvo fingiendo amistad. -

 -Todos nos aprovechamos de ti Laura, de la estudiosa y capaz doctora. La misma que no se llevaba los méritos, solo dejaba que su novio y mejor amiga lo hiciera. Siempre tan bondadosa. -

Otro golpe más, lo que decía Carmen era la realidad, siempre que realizaba un descubrimiento en el campo de la medicina se la compartía a Jake, el con su talento y apoyo fue avanzando. Se había consagrado como el mejor neurocirujano mientras que yo vivía a las sombras como solo una doctora de emergencias.

 - ¡Tus cosas están en la basura! - grité

Entré a mi auto, pisé el acelerador a fondo, no me importaba asesinarla si se volvía atravesar, pero Carmen lo entendió, solo vi como camino hacia el bote de basura. ¡Los maldigo una y otra vez! Mencioné golpeando el volante.

Esa traicionera tenía razón, yo estaba tan enamorada de Jake que sacrifiqué mis propios sueños, seguro hoy yo sería la jefa de división y no el.

Tomé mi celular y lo encendí, había tantas llamadas y mensajes de Jake que me aterraba. Ignore todo y llame a la agencia inmobiliaria, pediría un nuevo departamento en arriendo. Era momento que cambiar las cosas. Pero un mensaje llamó mi atención, era un número desconocido. Al abrirlo descubrí que era Lorenzo. “Toma una decisión Laura”. Solo así.

No entiendo qué pretende este hombre ¿acaso no es consiente que estuve con su hermano por dos años? La mujer que anoche llamó amante hoy desea que sea su esposa.

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