Mundo ficciónIniciar sesiónEl hospital estaba delante de mí, el mismo lugar donde había llegado hace un poco más de dos años cargada de ilusiones. Me había aventurado a mudarme a la ciudad después de perder a mis padres en un accidente. Sin nada que me detuviera en el pueblo, tomé la decisión de presentarme en este lugar.
Era propiedad de la Familia Stone, eran años y años de tradición. La dirección pasaba de padres a sus hijos. Pero más que eso, era el mejor centro de neurología del país.
Recuerdo muy bien cuando llegué con mi curriculum. Había sido la mejor en la universidad, tenía una recomendación escrita por el decano. También el hospital del pueblo donde hice mis prácticas me habían enviado su carta de presentación. En todas hablaban muy bien de mí conocimiento en el campo.
De los ocho años que me tomaría estudiar medicina, realizar mi residencia y mi especialidad en neurología lo había reducido a solo cinco años. Fui becada y adelantada en años por mi buenas notas y aportes a la salud.
Ahora era una mujer de 25 años con dos años de experiencia en este lugar. Aún seguía en el área de urgencias, donde sabes cuándo ingresas a turno, pero no cuando lo terminarás.
-Buen día. - mencioné colocando mi tarjeta de acceso, la recepcionista me hace un gesto de saludo, es el mismo rostro que he visto por meses.
Tomo el elevador, al ingresar me encuentro con un par de enfermeras, después de un saludo cordial las escucho hablar.
- ¿Viste las noticias amiga? - El doctor Jake Stone se casara con la doctora Sandoval.- menciona una con emoción, la otra sonríe, mientras que yo comienzo a temblar.-
-Hacen una pareja hermosa, la doctora Carmen es bellísima, me atrevo a decir que la mujer más hermosa del hospital. - Responde la otra con emoción y algo de suspiros. -
-Doctora Rosales ¿no cree usted que esto es como un cuento de hadas? - esa pregunta quemaba mi alma como una braza ardiente. ¿Qué podía responder? -
-No es mi asunto. - fue lo único que mencioné saliéndome del elevador, por poco y me asfixió dentro de esas paredes. -
Pasé a mi centro de vestuario, dejé mi maleta, revisé mi uniforme y peinado. Le di una sonrisa al espejo, fingiría que nada pasó y me dirigiría a mi trabajo del día.
El doctor Fernández me esperaba para asignarme las tareas del día, como siempre estaría en urgencias, mi diario vivir. Lo positivo es que tienes tanto que hacer que no tienes tiempo de pensar en tu propia vida amorosa.
Mientras me dirigía atender a mi primer paciente la imagen del hombre que amaba y odiaba aprecia ante mí. Su sonrisa perfecta al igual que su cabello. El aura de chico encantador que saluda a todos con entusiasmo venía caminando hacia mí. Quería escapar, pero era tarde, él me había descubierto y con rapidez me sujetó del brazo.
-Te estuve llamando ¿por qué no contestabas? - preguntó ejerciendo fuerza, no le importaba si alguien nos veía. -
-Suéltame. - susurré
El comenzó a caminar conmigo del brazo, abrió la puerta de una habitación vacía y me empujó adentro con fuerza. Creo que estaba descubriendo quién era en realidad.
-Anoche no debías estar en el restaurante Hills, ¿por qué fuiste? - preguntó metiendo las manos en sus bolsillos. Su traje gris con corbata hacía que su tono de piel resaltara. El tensor en su mandíbula con el ceño fruncido de su rostro creaba una tensión entre los dos. -
- ¿Eso es lo que te preocupa? - mencioné y caminé por la habitación, me hice hacia la ventana. No quería estar cerca de él. -
-Lo que pasó anoche no tiene importancia, no deberías enojarte. - mencionó acercándose. -
-Te vas a casar Jake ¿eso no es importante? - respondí con lágrimas en mis ojos. - Jake se acercó con algo de ternura en su rostro. Puso sus pulgares en mis mejillas y limpio mi llanto. -
-Princesa no es como parece, es cierto que me casaré con Carmen, pero es un acuerdo de mi padre y el suyo. Yo no la amo, yo te amo a ti. - Sus palabras se sentían con tanta verdad que me asqueaba pensar que le estaba creyendo. -
- ¿Cuándo pensabas decírmelo? Decirme que era solo un juguete de tu diversión. - mencioné y retiré sus manos. Jake me abrazó contra su pecho, su corazón latía con fuerza mientras besaba mi cabeza. -
-No quiero que estés enojada conmigo princesa, debes creerme que te amo. Solo debes darme un tiempo. -
- ¿Tiempo para qué? Llevamos dos años de relación y pides más. - La verdad ya no soportaba estar así. Tuve que empujarlo para que me soltara, yo trataba de limpiar mis lágrimas. -
-Está bien ya me cansé de este juego. - mencionó arreglando su corbata. Yo solo lo observaba como caminaba hacia la salida. -
- ¿Juego? Por fin aceptas lo que fui. -
-Debes de una vez por todas aceptar lo que eres. -
- ¿Qué soy? - pregunté intrigada. -
-Mi amante Laura, durante estos dos años que hemos estado juntos yo he tenido al menos cinco novias oficiales, esas mismas que mis padres invitaron a cenar. Tu eres muy buena calentando mi cama y te amo por eso. -
- ¿Que estás diciéndome? - pregunté con mi voz quebraba, esto era peor de lo que esperaba. -
-Lo que escuchas, yo jamás podría presentarte a mis padres. Eres una huérfana sin patrimonio, aunque debo reconocer que no existe mujer que se te iguale en la cama. Es por eso que te ofreceré un trato. -
- ¿Trato? - pregunté, este hombre era idéntico a su hermano, los dos ofreciendo un trato. Aunque no creo que sea como él de Lorenzo. -
-Sí, yo me casaré con Carmen, pero tú seguirás siendo mi amante. Te daré joyas, dinero y viajes como hasta ahora. -
- ¡Eres un desgraciado! Jamás seré una mujerzuela, pídele a Carmen que te caliente la cama. - grité enojada, el cinismo que Jake mostraba hoy me dejaba atónita. -
-Laura es mejor que lo aceptes, de no ser así despídete de tu trabajo. -
-No importa, renunciaré. - mencioné llegando a la puerta. Me haría paso para abandonar la habitación. -
-Nena aún no lo comprendes, no solo perderás tu trabajo, pasaré una carta a todos los hospitales solicitando que no seas contratada. Te voy arruinar la vida Laura. - Un golpecito en mi nariz me trajo a la realidad. El hombre encantador sonría con perversión. -
- ¿Por qué lo haces Jake? Yo no te hice nada. -
-Por qué eres mía y los serás hasta que me arte de ti. - mencionó tomando mi barbilla, yo solo lloraba de rabia, él tenía razón. Con solo una llamada acabaría con mi carrera. -
-Jake no.- susurré
-Te espero esta noche en mi departamento, por favor no lleves ropa interior, tengo tantas ganas de ti que no quiero demoras. - mencionó besando mis labios. -
No entiendo en qué momento el príncipe azul se convirtió en el villano. Supongo que siempre fue así y yo jamás lo vi. Mi ceguera producto del amor no me permitió ver su verdadera esencia.
Ahora debía complacerlo de la manera más denigrante, solo para que no arruinara mis sueños de ser una gran doctora.







